A pesar de que, hace ya bastante tiempo, decidí olvidar este blog (y a punto estuve, sin lugar a dudas, de pulsar sobre el botón de “Eliminar blog”), han pasado ciertas cosas que me han hecho aprender otras ciertas cosas.
En resumen, que el blog vuelve, pero… los temas ya no van a ser los de siempre. Se acabó eso de videojuegos, paridas, frikadas, y demás. Ahora, el blog será mi lugar, no para desahogarme, sino para escribir todo lo que siento en forma de poesía o de texto, breve o largo, pero con un sentido profundo y, a veces, un tanto oculto, para cuyo descubrimiento se necesita de algo de agudeza, lógica, y espíritu.
Gracias a Melissa por darme la idea de usar el blog para expresarlo todo en forma de “cartas”.
Y ahora, hablaré sobre el maravilloso campamento Bahá’í en el cual me he encontrado toda la semana que tuve de ausencia (desde el domingo 20 de julio hasta el domingo 27 de julio, es decir, hoy), donde he aprendido muchas cosas y, creo, he madurado en ciertos aspectos en los cuales nunca creí poder mejorar.
Ha sido la semana más maravillosa que en mi vida he pasado. He conocido a personas muy agradables y educadas, de fiar. He ido a sitios en los que jamás pensé que podría estar. Hice actividades que nunca habría hecho, de no ser porque fui y decidí superar mis miedos y temores, tan absurdos como irreales.
La gente era… sencillamente, increíble. Los monitores, encantadores. Mi compañero de habitación, encantador. La mejor amiga que hice allí, buenísima gente…
Todo fue lo mejor que me pudo ocurrir…
Y ahora, ya lloré. Ayer por la noche, en la gala, que nos dedicaron el final a los de Tercer Curso, acabé llorando. Hoy, que me despedí finalmente de la gente, no lloré. Y no he llorado desde entonces. He intentado todo el rato esbozar una sonrisa. Tal vez una sonrisa tímida, pero una sonrisa. Porque sino la hubiese tratado de mantener, yo mismo habría llorado como hizo el resto. Y sé que no es malo llorar, no lo es, pero las despedidas son cosas que ocurrirán durante toda mi vida, y si lloro por cada vez que me despido de alguien, lloraré muchísimas veces en mi vida, y no quiero llorar cada vez que ocurran.
El campamento ha sido una gran experiencia para mi, a la vez reconfortante, al mismo tiempo educativo.
Ojalá pueda ir de tutor al próximo.
Escrito por hymake